El viaje del Alkibla (3ª parte)

En estos momentos lo que necesito es dormir, asi que asegurada la distancia a la costa me tiro en una de las camas-asiento de la camareta. En mi confusion la idea de que alguien va a abordar el barco me da vueltas a la cabeza, pero no puedo mantener los ojos abiertos ni un segundo mas. Envuelto en el saco de dormir me dejo llevar por el cansancio y pierdo la consciencia.

Me despierto sobresaltado. Hay ruidos en cubierta. ! Alguien ha subido al barco, pienso. Me levanto penosamente y saco la cabeza fuera. Todavia es de noche, y no hay nadie mas que yo a bordo. Confuso, vuelvo otra vez a tirarme en el catre y me arrebujo para seguir durmiendo. Me despierto  al darme el sol  en la cara a traves de la abierta tapa del tambucho. Son las ocho y media de la mañana, mas o menos. Salgo a cubierta y delante de mi se despliega la costa y la ciudad de Garrucha. Veo un mercante de unos ochenta metros fondeado a una milla mas o menos, justo delante de la entrada del puerto. Recuerdo haberlo visto anoche y haber pasado por delante de él, pero los recuerdos de la noche pasada se mezclan con mis pesadillas y necesito unos diez minutos para ordenar mi cabeza. Bebo un abundante trago de agua y me voy al balcon de popa a orinar. Pongo el motor en marcha y enfilo hacia la entrada del puerto. Voy sin baterias y aunque todavia no he detectado la averia del generador de viento, sospecho de su buen funcionamiento y no me fio. Me queda un tercio del deposito, por lo que tambien necesito repostar. Y un café caliente. Sorprendentemente sigo con la idea fija de que estoy en Aguilas. Lo que tengo delante no se parece en nada a Aguilas, pero a mi me da lo mismo. Entro en el puerto y me voy directamente al muelle de espera del surtidor de gasolina. No hay nadie. Detengo el barco, salto al muelle y amarro el espring de proa. Subo a bordo y arrimo la popa suavemente con el motor. Afortunadamente, las defensas continuaban amarradas a los pasamanos. Pongo el motor en punto muerto y salto al muelle por la popa y amarro de traves. Otra vez a bordo, apago el motor y me siento en la bancada de la bañera. Estoy fundido, pero fundido de  verdad. A poco aparece el marinero, un hombre enjuto y tostado y muy amable. Le explico mi situacion y solicito quedarme alli el domingo, a lo cual me contesta que no hay problema , que me pase despues a dar los datos a la guardia civil y me entrega la llave de la cancela del pantalán. Acabo de amarrar bien al Alkibla, conecto el cable a la toma de corriente y pongo las baterias a cargar. Despues salto a tierra de nuevo a lavarme un poco y a aliviarme al aseo. Despues de eso, me voy a tomar un café al primer bar que encuentro, que es el del hogar del Jubilado del Mar, donde me meto al cuerpo un cafe con tostada de aceite que me hace resucitar. Es una mañana preciosa y a pesar del acento andaluz de todo el mundo sigo creyendo estar en !! Aguilas !!
Despues de desayunar me paso por capitania del puerto dende los agentes de la guardia civil toman registro de mis datos. Percibo una vieja sensacion que hace mucho tiempo no tenia, y es que despues de cuarenta horas a bordo se me mueve el suelo bajo los pies y camino al estilo marinero. Aprovecho para pegarme una buena ducha, lo que no hacia desde la noche anterior a mi partida de Almerimar. Llamo a mi familia para comunicarles donde estoy (donde creo que estoy) y deciden venir a verme y comer juntos. Les informo que estoy en el puerto de Aguilas, el de poniente, al lado de la Casa del Mar. Se plantan en Aguilas y me buscan infructuosamente, llamandome al cabo para preguntarme donde demonios estoy. Entonces me caigo del guindo y decido preguntar (!por fin!), enterandome que estoy en Garrucha. !!Que bochorno, papi, ya te vale !!. Por fin llegan y comemos en la terraza del restaurante que hay en el puerto (ese que es famoso por la gamba roja) pescado y marisco,tapas, cerveza y risas. Me toman el pelo cuando les cuento mi travesia y se rien todos, hasta mi nieto de ocho meses. Despues de la sobremesa y los cafés se vuelven a casa, dejandome contento y relajado. Dedico la tarde a descansar y a preparar el resto de la travesia. Saco las cartas y me pongo a la tarea.

Despues me voy a tierra, me siento en una terraza y me tomo un cubalibre (de ron, of course) mientras contemplo el atardecer. Finalmente me voy otra vez a bordo, ceno ligeramente, ordeno todos los trastos que hay por enmedio y me hecho a dormir, que mañana hay que navegar. Hasta Cartagena si se puede, o a Mazarron por lo menos.

Me levanto temprano, al amanecer. Dejo la llave de la cancela donde el marinero me indicó, pongo el motor en marcha y me preparo para zarpar. Las baterias estan cargadas nuevamente y los depósitos de gasolina llenos. Suelto amarras,  me separo del muelle con un vigoroso empujon y embrago el motor que con un suave ronroneo me va llevando suavemente hacia la salida. Veo un barco en el muelle de carga, está cargando granel no se bien de qué, pero todavia no hay nadie trabajando. Al salir  veo nuevamente al mercante fondeado, viro a babor y enrumbo  al 060, hacia Cabo Tiñoso. El  dia esta radiante, para disfrutar, con suave virazón. Para mi aflicción, la brisa no me impulsa lo suficiente, asi que dejo el motor en marcha. Suavemente la costa vá desfilando ante mi. Al cabo de unas cinco horas estoy frente a Aguilas. Hay pesqueros faenando por la zona, por lo que caigo a estribor para darles resguardo. Bandadas de gaviotas les siguen, aprovechando todo lo comestible que caiga a su alcance. Arrojo unos trozos de pan al agua y algunas que van volando alto los ven y ráudamente se lanzan a por ellos, disputandoselos con algarabia. Sigo mi ruta , dejando atras Cabo Cope, con su inconfundible (jejeje) perfil.

 Al cabo de un par de horas llego a la altura de Puntas de Calnegre, cruzandome a vuelta encontrada con otro velero solitario que busca el resguardo de Aguilas, supongo. Al empezar a caer la tarde decido buscar amarre en Mazarron, pues ya no me quedan dias y mañana tengo que trabajar. Asi que cojo la radio y llamo al club de regatas pidiendo amarre para un par de dias. Me contestan que no hay problema y les confirmo mi llegada para dentro de una hora, mas o menos; recibo su conformidad y enrumbo para Mazarron. Llamo a mi mujer para pedirle que vayan a buscarme a Mazarrón y me dispongo a finalizar la etapa. Tenia la esperanza de haber visto delfines o algun otro avistamiento, pero no ha habido suerte. A poco avisto la Isla de Adentro y enfilo hacia la parte interior, donde se encuentra la entrada del pequeño puerto del Club de Regatas. Llamo nuevamente por radio y me confirman que el marinero me estará esperando en la punta del surtidor de combustible, como asi sucede. Lentamente entro en el puerto mientras el marinero con una bicicleta se dirige al punto que me tienen asignado. Tengo que hilar fino en la maniobra, pues me han asignado un amarre al fondo, cerca de la grua. Enfilo hacia el amarre, freno el barco a un metro del muelle y le largo el cabo de amarre al marinero, que lo sujeta al noray, mientras doy lentamente atras para amarrar la codera. Hago firme la codera y lentamente me aproximo al muelle. Hacemos firmes los amarres de proa, paro el motor y se acabó en dia. Arrancho todo, pongo un poco de orden en el interior y espero la llegada de mi mujer y mi hija , que llegan al poco rato. Mientras, en la recepcion del club presento mis papeles y me registro. Me dan hasta el miercoles, asi que me tengo que buscar la vida. Finalmente nos juntamos todos , muchos besos y a casa. Al marcharme, le echo un vistazo al Alkibla. Esta todo en orden.

Published in: on mayo 12, 2008 at 4:51 pm  Comments (2)  

El Viaje del Alkibla (2ª parte)

Las luces eran bien visibles y el barco venia de la costa navegando rumbo sur. La luz verde se veia con claridad por mi amura.  A ojo calcule que debia estar a unos ochocientos metros, y dada su velocidad y la mia (sobre todo la mia) no habia el menor riesgo de encontronazo. Al contemplar su curso me vinieron a la memoria recuerdos de mi juventud, cuando a bordo del “Oquendo” navegabamos dia y noche durante largos periodos de travesia de Ferrol a Cartagena, a Canarias, a Brest. El cruce de barcos en la noche tiene algo  misterioso, ¿ quienes son ? ¿ donde irán ?. Una punzada de melancolia me hace echar de menos a mi mujer. ¿ Le gustará a  ella navegar durante mas tiempo que la tipica salida con amigos de un dia ? ¿ Será capaz de hacerse a vivir en un espacio tan reducido ?.

Las 5 de la madrugada. La luna está proxima a ponerse. De pronto me veo envuelto en un banco de niebla. No veo nada, asi que me oriento con la aguja siempre al este. Se mantiene la brisa  con rachas  y la situacion empieza a ponerse interesante. Resulta fantasmal la claridad lechosa que produce la luna poniente, y una profunda sensacion de soledad me invade, pero lejos de abatirme me estimula. Permanezco muy atento porque antes de caer la niebla tenia pesqueros por la amura de babor, por si visualizo alguna luz. El frio se me mete dentro a pesar de que voy forrado, camiseta, camisa, chaleco acolchado, forro polar nautico y chaquetón de paño. doy una virada por avante con poca arrancada y fallo, quedandome al pairo, ! mierda ¡ pierdo la arrancada y procuro desliarme. Poco a poco voy cogiendo la posición y vuelvo otra vez a los tres nudos habituales. Poco a poco vá levantando la niebla, y a poco voy teniendo otra vez visibilidad. Los pesqueros han quedado por la aleta, lejos, a mas de una milla. Contemplo un monton de luces que me desorientan un poco. Ahora sé que debian de ser de San Miguel, supongo. Poco a poco  una suave claridad va tiñendo el horizonte por mi proa. Me como una naranja y me arrebujo bien . Mi primera noche a bordo del Alkibla está tocando a su fin. Por fin , el cabo de Gata a la vista. Está amaneciendo.

        El amanecer es limpio. La mar esta en calma y el viento cae totalmente, por lo que tengo que poner el motor. Aprovecho para asomarme al balcon de popa y aliviarme. Una mano para ti, otra para el barco, es el dicho clasico. Pongo un regimen bajo de revoluciones que me mantienen entre los tres y cinco nudos. Me encuentro cansado y entumecido, pero contento. Mientras me voy acercando al cabo, aparece una manada de delfines. cinco o seis ejemplares evolucionan a unos cinco metros de mi, acompañandome. De pronto me acuerdo que entre las cosas que me han dejado los anteriores armadores hay un pequeño macutillo lleno de latas de sardinas en aceite portuguesas. Abro uno de los cofres de popa y empiezo a abrir latas de sardinas y a echarselas a los delfines. Se vé que no les gustaron mucho, pues dejo de verlos, con gran pesar por mi parte. Me desayuno con una de las latas de sardinas, naranjas y pan, y bebo agua, pues no compré ni vino ni cerveza en Almerimar. Voy de un abstemio que da grima, pero es lo que hay. A poco estoy dejando el cabo por el través. Me sorprende la poca altura del promontorio. Parece una fortaleza. Me lo imaginaba mas escarpado, pero me parece muy hermoso, tan agreste. El Arrecife de las Sirenas se me antoja el espinazo de un monstruo marino sumergido. Voy entrando en calor y me siento contento, a pesar del poco tramo recorrido desde que zarpé. El encuentro con los delfines me ha puesto de buen humor y disfruto de la belleza del paisaje a la  temprana luz de la mañana. Es todo tan hermoso….

La mañaña va entrando y navego ya hacia  el golfo de Vera. Mientras escribo esto veo  llover a  mares por la ventana , estoy sentado tomandome un café y fumandome una pipa. Esa mañana sin embargo era radiante, de ese azul limpio y claro de invierno. La costa va desfilando lentamente a mi izquierda. San Jose quedó atras hace rato y a la altura de Loma Pelada el viento empieza empieza a refrescar. LLevo el genova grande y la mayor, y me parece que voy con trapo de mas, pero descarto cambiarlo y el Alkibla de pronto empieza a levantar espuma por la roda. Acepto el reto y la cosa se empieza a poner caliente. Llevo los candeleros de estribor en el agua, y las defensas que olvide retirar se van enredando en los pasamanos. Con una inclinacion de sesenta grados, la vieja Alkibla cruje y tira de la caña orzando con fuerza. Llevo el trapo demasiado cazado pero mi inexperiencia me hace pensar que asi andará más. Las escotas van tensas como cuerdas de violín, y  la adrenalina me corre por las venas como un torrente. En la camareta, todo lo que no iba bien estibado rueda por el piso, y yo voy borracho de viento y de mar. Al llegar a la Punta de la Polacra el viento afloja un poco y  la navegación  se hace un poco mas tranquila. Ya no llevo la borda un palmo bajo el agua y me sereno, aflojando un poco las escotas. Ha sido media hora o mas casi orgásmica. Me acuerdo de aquella pelicula de Gregory Peck y Anthony Quinn, El Mundo en sus Manos y la carrera de las goletas .  Por mi popa veo un velero de muy buen porte que va a un rumbo un poco mas abierto hacia el este, y me acuerdo del Dei Gloria y el jabeque de la carta esférica. Por estas aguas fué. Pienso que vá rumbo a Cartagena, y cuando llega a mi altura a unos seiscientos metros por estribor pienso seguirle la estela, pero empiezo a sentirme cansado y decido enrumbar hacia Aguilas, Ya es mediodia cuando dejo atras Agua Amarga, lugar donde pasé uno de los veranos más felices de mi vida, buceando con mis hijos, y me empiezo a obsesionar con llegar a Aguilas. El Alkibla sigue a rumbo 025 a unos tres nudos, y yo llevo 24 horas a la caña.

Poco a poco voy sintiendo el cansancio. Han sido cuatro dias de preparar al Alkibla para poderlo poner en el agua antes del dia 1 de Marzo, fecha en la que expiraba el alquiler del amarre.Hay cosas que todavia no estan resueltas. El inodoro no lo reinstale, ya que la reparación del casco fué la sustitución de tracas podridas en la salida de aguas sucias, asi que clausuré el agujero que ya estaba echo con un espiche y masilla epoxi. Pintar y dar patente el ultimo dia de varadero y a la mañana siguiente a primera hora, al agua. Dos horas achicando hasta el cierre de las juntas y a la mar. Antes, compras de ultima hora en mercadona con la lengua afuera. Paso frente a la Mesa de Roldan y la Punta de los Muertos. Un poco mas adelante me encuentro algo que me parece una cementera, pero es una central térmica. Mas adelante, Carboneras. Ahora ,en la perspectiva , pienso que hubiera sido buena idea intentar pernoctar allí, pero  sigo hacia el norte. Durante la noche he tenido problemas con las baterias, que se han descargado bastante con la tricolor del tope del palo. Debe haber algun problema en el circuito, porque pegaba unos chupones excesivos a las baterias, y el generador eólico no las recuperaba lo bastante( despues comprobé que la conexión del generador estaba cortada ). El caso es que a esas alturas de la tarde, las dos baterias estaban practicamente agotadas. Llevaba la radio y la sonda apagadas para reservar bateria, pero los intentos de conexion de la radio me daban muy mala espina. Mi claridad mental tampoco estaba en su mejor momento, pues estaba empezando a obsesionarme con llegar a Aguilas al caer la tarde, cosa totalmente imposible, pero las cartas estaban enrrolladitas en su tubo, y mi desconocimiento de ese tramo de costa era total. Habia gastado unos doce litros de gasolina y me quedaba una cantidad similar en el depósito de reserva, que trasvasé al deposito principal. Una vez pasado carboneras, con el sol ya cayendo pongo otra vez el motor y a un tercio de régimen (unos cuatro a cinco nudos) intento acelerar un poco el viaje. Como no he podido hacerme todavia con el consumo, intento no forzar para no quedarme sin combustible. Sigo navegando y no vislumbro nada que se parezca remotamente a Aguilas, pero sigo obsesionado con llegar y solo veo costa y urbanizaciones. El sol empieza a ponerse y yo solo veo costa y casas. Intento llamar con la radio pero la baterias estan “kaputt”. Para remate llevo el movil con la bateria a punto de agotarse, por lo que decido llamar al puerto de Aguilas para notificarles que estoy      ¡¡ a punto de llegar ¡¡ y que voy sin radio y sin móvil. Me contestan que toman nota y que habrá un marinero esperandome. Se quedaron esperando, evidentemente. Subo el régimen de revoluciones, porque estoy viendo que no llego a ninguna parte. El cansancio es tal que empiezo a tener alucinaciones. Empiezo a ver a mi familia  a bordo, me hablan, tengo microsueños. A medida que el crepusculo avanza, avanza mi confusion, hay demasiadas luces y no soy capaz de distinguir luces de navegacion de luces semafóricas. Agarro los prismaticos, pero no me sirven de gran cosa, estan muy deteriorados y no me resultan de utilidad, Ya de noche, y a pesar de la claridad de la luna paso por delante de la boca del puerto de Garrucha sin percibirlo. Mi confusion aumenta, pues sigo obsesionado con el puerto de Aguilas y no reconozco el perfil del paisaje, y me doy cuenta de que no voy a poder aguantar mucho más al timon. En mi obsesión confundo las luces de Palomares o Villaricos con lo que pienso debe ser Calabardina, y intento enrumbar hacia allí, pero el cansancio me vence. Sin radio ni sonda, decido que ya que no hay viento y la costa parece llana, lo mejor es enrumbar mar adentro, a suficiente distancia de la costa, dejar el barco al garete y dormir. Dormir…….

Published in: on mayo 7, 2008 at 4:34 pm  Comments (1)  

Solté amarras y aumente el régimen del motor….

Solté amarras y aumenté el régimen del motor, enfilando la bocana. La torre de control de Almerimar fué quedando atrás lentamente mientras el Alkibla salia por el canal en busca de la  bahia. Atrás quedaban cuatro dias de trabajo poniendolo a punto para la travesia que tenia que llevarla hasta el Mar Menor, entre 85 y 90 millas y dos dias y medio para hacerla. Solo. Cuanto mas cerca estaba el momento de soltar amarras, mas se iba adueñando de mi  un cierto desasosiego, pues nunca habia navegado en solitario patroneando y aunque confiaba en  mis recursos y experiencia marinera, la sensación de incertidumbre me mantenia en estado de alerta, lo que unido al cansancio de los últimos dias de trabajo y acopio elevaba mi nivel de estrés. Todo ello desapareció al cruzar las farolas de la entrada del puerto y salir a la bahia. El tiempo era bueno, soplaba una brisa del sur y la mar estaba ligeramente tendida tambien del sur, por lo que ,tras darle buen resguardo a la escollera que quedaba a sotavento, me dispuse a poner  el motor en punto muerto para el  izado de las velas. Tengo que añadir que pertenezco a la especie de los autodidactas y mi experiencia en la vela no era excesiva, sino mas bien lo contrario. Cuando navegas con amigos, de marinero de cubierta, normalmente te limitas a realizar las maniobras mas comunes, izado, arriado, cobrar y largar y poco mas, quedando el trimado a cargo del patron; en mi caso, como poseo cierta habilidad como timonel, los patrones me solian confiar la caña o la rueda mientras efectuaban o dirigian la maniobra de las velas. De cualquier forma, aun desconociendo en profundidad el arte de la vela, sabia lo suficiente para defenderme sin hacer virguerias. El resultado de mi autosuficiencia fué una dura lección que me enseñó en media hora más de lo que habia aprendido en treinta años, a evitar que los sables se traben en unas burdas mal estacionadas, a izar a puños una mayor sin winche procurando no atravesarme a la mar, a evitar que las drizas se enrredaran en los obenques, a empuñar correctamente las escotas y pasarlas adecuadamente por sus carros por fuera de los obenques, a dejar una genova bien evergada y estirada en cubierta, lista para izar y cazada ya en su winche, a evitar las malignas cocas y enredos, a correr por la cubierta de la proa a la bañera sin dejarme los cuernos en la jarcia, el trimado del amantillo y algunas cosas mas. Despues de luchar con el aparejo a brazo partido conseguí estabilizar el barco con la mayor y el genova portando, a costa de algunos rasguñones y alguna sangre ! estaba navegando !. Quité el cabillo que trababa la caña a la via despues de apagar  el motor (un maldito fuera borda) y me senté placidamente en la bañera mientras el corazón me latía con fuerza: ¡¡ a casa !!

(Continuará)

Retomamos el relato donde lo dejamos, esto es , enrumbados al este hacia el cabo de Gata. Estamos a finales de Febrero de 2007, para situarnos y yo, despues de haber podido rehacer el rumbo de mi matrimonio y haber sobrevido a una galerna que me tuvo 8 meses fuera de mi hogar, puedo hacer realidad finalmente uno de mis deseos mas antiguos, tener mi barco. Rumbo al este, rumbo a mi hogar. El cielo está despejado, el viento cae y rola al este, lo que me obliga a dar bordos o enrumbar al sureste para mantener la marcha. El GPS, un Magellan entradito en años que habia tenido algun problema con el café con leche, según me contó Pio, el anterior armador,  decide declararse en huelga . Antes de ir a recoger el Alkibla me entretuve en preparar la singladura, haciendo una ruta con la intención de introducirla en el aparato, pero una de las pequeñas metidas de sufrí fué hacerme cargo de ese aparatejo al borde de la defunción (finalmente falleció durante la singladura); de todas maneras no me parecia preocupante la averia, pues llevaba las cartas de todo el viaje, aunque pronto se hizo de ver la dificultad de compaginar el timon con cualquier otra actividad simultánea. Pero el dia transcurria bien, y aunque la brisa iba aflojando, todavia me impulsaba. Al empezar la tarde sobrevino una calma que me permitió entrar a la camareta para abastecerme de comida y bebida que estibé en la bañera a mi alcance. El atardecer fué esplendido y la luna, a la que le faltaban dos o tres dias para el plenilunio empezo a elevarse por mi proa. Empezaban a verse las luces en la bahia y empece a prepararme para pasar la noche. De vez en cuando la brisa aumentaba, pero solo durante cortos espacios de tiempo. Durante un rato dudé sobre la conveniencia de poner el motor ó seguir a vela, pero cuando el viento cayó totalmente decidí poner el motor, pues la cosa pintaba lenta. Durante toda la tarde raro fué el momento en que pasé de los tres nudos así que creo que no hice mas de diez o doce millas en el momento en el el sol se ocultó sin demasiados alardes, suave y apastelado. La temperatura empezo a bajar, asi que baje a coger ropa, encendí las luces de navegacion y me prepare a pasar una larga noche al timón.

A medida que  oscurecia las referencia visuales se iban haciendo mas complicadas. En principio y mientras tenia visibilidad enfilé hacia la punta de tierra que tenia mas al este. Al ocaso habia rebasado las luces de Roquetas de Mar, y las luces de Almeria se convirtieron en el siguiente punto de referencia. Me sentia cansado fisicamente, pero animado. La luna habia llegado a su cénit y la noche se mostraba hermosa. Los esfuerzos de los ultimos dias se empezaban a notar, y procuré acomodarme y abrigarme bien. Cada vez hacia mas frio y yo empezaba a parecer una cebolla. A mano el agua, algo de fruta, pan, conservas y embutido. Empece a lamentar no haber comprado un termo para tomar café caliente, pero ya no habia solucion. Mi inexperiencia en el trimado me hacia llevar las velas mas cazadas de lo que hubiera sido necesario, y el barco se comportaba de modo ardiente…. cuando soplaba algo de brisa. Cometí el error de comprar las cartas del instituto hidrográfico, buenas para la mesa de cartas de un barco grande, pero incomodas en un barco como el Alkibla, en vez de las cartas deportivas tan plegaditas y comodas de manejar, con lo que las cartas que me traje  y el compas de marcaciones que compré en la tienda del ingles que hay a la entrada del varadero no me servian de gran cosa. Los prismáticos del inventario, unos plastimo viejos y malos tampoco eran de utilidad, por lo que me resigne a navegar como en los tiempos de los fenicios.

Resulta impresionante la cantidad de luces que hay en la costa. Impresionante y desorientador. La identificacion de las luces de los faros de Aguadulce y Almeria me permitian orientarme ” a ojo” en el lento cruce del Golfo. Cuando por fin llegué a tener Almeria por el través me sucedió una cosa curiosa. Serian entre la una y las dos de la madrugada cuando en la vertical de Almeria empezaron a aparecer luces amarillas o naranjas por encima de la silueta de las montañas que se movian de una forma muy singular, juntandose y separandose, moviendose en formacion y desplazandose en todas direcciones a unas velocidades muy superiores a las de cualquier aeronave. Lo cierto es que durante mas de quince minutos aquella verbena me tuvo fascinado. Luego desaparecieron y no volví a verlas. Como lo único que estaba fumando era el tabaco de la pipa y el pan no era de centeno, la unica posibilidad es que el salchichón estuviera curado con honguitos mexicanos o que aquello que ví fuera real. Despues de aquel desmadre, la derrota siguió su curso normal (frio y sueño).

Curiosamente, durante la travesia me crucé escasamente con un par de barcos

Published in: on abril 29, 2008 at 11:10 am  Comments (2)  

Nací en un puerto de mar….

Nací en un puerto de mar hace 56 años y pico. Mi familia residia alli hacia pocos años, pero mi padre era un enamorado del mar, marino frustrado por condicionantes familiares y me legó  ese amor. Desde muy pequeño tengo recuerdos de largas playas de dorada arena y una intensa luz levantina. Luego, la muerte prematura de mi padre me arrastró lejos del mar, a una tierra con una luz diferente, pero tambien muy bella. El Guadarrama amigo suplió con sus olas de piedra y sus verdes bosques al mar que anidaba dentro de mi subconsciente. El sentimiento de orfandad se mezclaba con una sensacion de ser un extraño en territorio hostíl. Solo años despues me reencontré con el mar, al final de mi infancia. Recuerdo aquellas vacaciones en Comarruga como algo mágico. Despues de una larga noche en un tren sucio de carbonilla, en un apartamente de 2ª ó 3ª clase junto con mi madre y mis tres hermanos, volví a ver el mar. Era maravilloso volver a ver aquella luz, la linea del horizonte tan azul y tan alta, aquel olor profundo y fresco. Solo hay un olor que me evoque una felicidad parecida a la que me produce el olor del  mar, y es el olor de la nieve, de la nieve en el monte. La residencia que el banco donde mi madre trabajaba ponia a disposicion de sus empleados me proporcionó los quince dias mas felices que recuerdo de mi infancia agonizante y la sensación se saber a que mundo pertenecia realmente. Cinco años después tomé el tren nuevamente, esta vez en dirección a Cádiz para embarcarme en la Armada, sintiendome casi como Ismael caminando hacia Nantuckett para embarcar en el Pequod . La vida no deja de ser un constante e imposible retorno al paraiso de la infancia,  la orilla mítica desde donde zarpa la travesia de la vida.

Published in: on abril 22, 2008 at 11:39 am  Dejar un comentario  

El Alkibla y yo

Tengo un barco viejo. Cuando digo viejo quiero decir un barco de sesenta años, mas viejo que yo. Lo compre porque era barato y me gustó. Es un cutter bermudiano de madera de roble de 33 pies construido en Brest. Es un viejo fuerte y sano, con algunos achaques perfectamente solucionables. Lo compré ademas porque me gusta el mar y me gusta navegar, y aunque hay quien dice que mejor que tener barco es tener amigos con barco, yo prefiero patronear mi barquito a ir de invitado en un lagoon (tengo un amigo que tiene uno de 50 pies) El barco se llama Alkibla (ya se llamaba así, no es que yo sea musulman ni admirador del Islam) y de momento se va a seguir llamando así. Mientras escribo esto está sonando en la radio el adagio para cuerdas de Barber y me viene a la memoria la escena de la pérdida del gaviero en la Surprise durante la travesia del Cabo de Hornos. Reconozco que mi concepto del mar es casi tan romantico como el de las novelas de O’Brian, incomodidades incluidas. En nuestro mundo, tan cambiante y tan devaluador de lo antiguo (lo viejo), el Alkibla representa ese mundo a punto de desaparecer, el de las cosas hechas para durar, sin demasiadas concesiones a las apariencias. Era un mundo tan cruel como el actual, pero sin tantos claroscuros, mas definido en su sencillez y en su inmisericordia. El Alkibla representa la materializacion de un viejo sueño heredado de mi padre. Nací en un puerto de mar, en una casa frente a los muelles, de un padre mas romantico que yo, añorante de una profesión que no pudo ejercer por imperativos familiares, enamorado del mar y de los barcos, que queria que su hijo fuera e hiciera lo que él no pudo ser ni hacer.

AlkiblaAlkibla

Published in: on abril 3, 2008 at 12:25 pm  Comments (3)