Acabo de releer “la Piel del Tambor”, de Perez-Reverte y de nuevo el viejo dilema entre la voluntad y el instinto toma relieve en mi mente. Me parece significativo el papel que desempeñan los artistas en la eterna lucha del ser humano entre el ethos y el pathos, o dicho de manera menos pedante, entre el ideal y la realidad. ¿ Tan dificil resulta la elaboracion de una ética basada en la realidad ? Y cuando me refiero a la realidad, me refiero al extenso campo de leyes que regulan el devenir originado por la maraña de causas y efectos en la que nos desenvolvemos diariamente. Me parece cierto considerar la realidad como la resultante (algebraica o vectorial) de todos los factores que construyen el momento, lo que llamamos el aquí y ahora . Poetas , dramaturgos y cineastas parecen ser videntes capaces de plasmar en el tiempo y el espacio esos fantasmas a veces monstruosos que proyectan tenebrosas sombras (Murnau fué un maestro en ello; hasta W.Disney le paga tributo en Blancanieves ). Es absurdo e inutil, pero sobre todo dañino tratar de ocultar el lado oscuro de la vida, y resulta necio educar en esa actitud. Luz y conocimiento son indispensables para poder pretender la solución de nuestros problemas inmediatos y por venir, ya que lo que vendrá sera fruto de lo que hoy hacemos. Resulta aleccionador contemplar como en las sociedades opulentas de Occidente se vá produciendo un resurgir paulatino pero inexorable del conservadurismo ante la amenaza para el propio bienestar que representan los miles de hambrientos que se presentan al festin sin haber sido invitados (es muy interesante el articulo de Enrique Gil Calvo en El Pais del 16/04/2008, ed. digital). Pero me temo que entre un folleto-cómic de Los Testigos de Jehová y un ensayo de Ciorán prefiramos el primero. Nuestra capacidad de enfrentar y soportar el dolor me temo que se va reduciendo debido a una especie de idiotizacion colectiva en la que nos vamos sumergiendo inperceptiblemente. Solo los rebeldes representan una esperanza. Sin capacidad critica ni independencia de criterio nos haremos rebaño, y ya sabemos que siempre habrá un pastor voluntarioso dispuesto a llevarnos al matadero.