El Alkibla y yo

Tengo un barco viejo. Cuando digo viejo quiero decir un barco de sesenta años, mas viejo que yo. Lo compre porque era barato y me gustó. Es un cutter bermudiano de madera de roble de 33 pies construido en Brest. Es un viejo fuerte y sano, con algunos achaques perfectamente solucionables. Lo compré ademas porque me gusta el mar y me gusta navegar, y aunque hay quien dice que mejor que tener barco es tener amigos con barco, yo prefiero patronear mi barquito a ir de invitado en un lagoon (tengo un amigo que tiene uno de 50 pies) El barco se llama Alkibla (ya se llamaba así, no es que yo sea musulman ni admirador del Islam) y de momento se va a seguir llamando así. Mientras escribo esto está sonando en la radio el adagio para cuerdas de Barber y me viene a la memoria la escena de la pérdida del gaviero en la Surprise durante la travesia del Cabo de Hornos. Reconozco que mi concepto del mar es casi tan romantico como el de las novelas de O’Brian, incomodidades incluidas. En nuestro mundo, tan cambiante y tan devaluador de lo antiguo (lo viejo), el Alkibla representa ese mundo a punto de desaparecer, el de las cosas hechas para durar, sin demasiadas concesiones a las apariencias. Era un mundo tan cruel como el actual, pero sin tantos claroscuros, mas definido en su sencillez y en su inmisericordia. El Alkibla representa la materializacion de un viejo sueño heredado de mi padre. Nací en un puerto de mar, en una casa frente a los muelles, de un padre mas romantico que yo, añorante de una profesión que no pudo ejercer por imperativos familiares, enamorado del mar y de los barcos, que queria que su hijo fuera e hiciera lo que él no pudo ser ni hacer.

AlkiblaAlkibla

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Publicado en on abril 3, 2008 at 12:25 pm  Comentarios (3)  

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3 comentariosDeja un comentario

  1. Magnifico barco, desde luego es de los que enamoran.
    Espero cruzar un saludo contigo en cualquier mar.

  2. El barco es una preciosidad, pero se merece otras defensas.

  3. Hola, he leído todo tu blog sin detenerme, me transportó lejos, lejos de todo lo que me rodea cotidianamente, y dejó volar mi mente hacia esa mar infinita y acojedora, gracias por tu relato tan entrañable. Ya se que ocurrió hace tiempo, pero sigue tan fresco como el primer dia.


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